Cada vez me cuesta más ponerme al teclado; es fácil comprobarlo. El primer año de blog más de una entrada por semana, y hoy en día, una cada tres meses. Un blog como este, que tan solo pretende transmitir un sentir cívico y social se desmorona ante los cambios brutales que la ociosa e interesada casta política está ejecutando de manera obscena e inquietante.
La culpable... esa maldita crisis. El origen de esa crisis: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.
Yo particularmente llevo bastante tiempo preguntándome cómo he podido vivir por encima de ellas si apenas he tenido ocasión de gastar en un capricho sin pensarlo docenas de veces haciendo mil y una cuentas y malabarismos económicos domésticos. Por otra parte, ellos mismos decían que para salir de esta crisis había que hacer gasto, que no valía de nada ahorrar... y con este cruce de ideas contradictorias se me cortocircuita a mí el cerebro.
No tengo para gastar pero he de gastar, pero es que no teniendo me he pasado gastando. (esto me recuerda al show de José Mota).
En realidad lo tengo claro. Los responsables directos de que no haya dinero ni para pagar la luz en muchos colegios públicos de todo el estado (por poner solo un ejemplo) son los POLÍTICOS. Sí, lo escribo con mayúsculas. ELLOS son los que administran los recursos económicos. ELLOS son los que hacen y deshacen a su gusto. ELLOS son los que por el norte o por el sur se han dedicado a ejecutar obras faraónicas por capricho sin contar nunca con otros puntos de vista, y han eliminado partidas presupuestarias que acuden en defensa de los más necesitados o de los colectivos más indefensos u olvidados. ELLOS han malgastado el dinero público.
Los políticos (en una inmensa mayoría aunque conozco alguno/a honesto/a) están demostrando ser una casta que no entiende de discrepancias o participación ciudadana. Es un colectivo elitista que aquí o allá tienen sus terrenitos y sus negocios montados, muchas veces relacionados, sin casualidad alguna, con aeropuertos sin aviones u otras obras del mismo interés social; si no son ellos, sus amigos, pero me da lo mismo.
Siempre había pensado, ingenuo de mí, que un político al entrar en un gobierno cualquiera, local o estatal, mirará las deficiencias para potenciarlas y eliminará los excesos, pero está pasando al revés. Los que ahora gobiernan, antes de las elecciones generales y ante la increíble cantidad de personas paradas prometieron incentivar la contratación negando además que fueran a facilitar el despido; era prioritario crear empleo.
Pues bien. "Olvidándose" de aquello que dijeron, han abaratado el despido. En parte, así es cierto que promueven la contratación, pero con unos sueldos tan pobres y unas condiciones tan lamentables que dan ganas de llorar.
Además, han proporcionado a los empresarios las armas suficientes para que cualquier trabajador, independientemente de su capacidad laboral, se vea en la calle con una mano delante y otra detrás. Si eres un "afortunado" con un sueldo de 1.500 euros, tienes bastantes boletos para irte a la calle sin apenas indemnización, siendo tu puesto cubierto por una persona procedente de una ett con un paupérrimo sueldo y mucho peores condiciones de trabajo.
Esto no gusta a nadie, destroza los planes de vida que podíamos haber hecho unos años atrás, pero si sales a la calle a protestar ten cuidado porque la policía, ese ente armado que presuponemos que está para proteger, te estará esperando equipada de arriba a abajo con un impoluto material anti-disturbios. Sumemos la posibilidad ya contemplada de limitar el derecho de huelga. La calle es nuestra, no de ellos, pero solo para ir de compras por lo visto.
Aquí nadie piensa en que a él le puede pasar lo mismo porque todo el mundo se cree imprescindible en su lugar de trabajo. El número de "ciegos sociales" que no admiten que esto es así y siguen creyendo las doctrinas que escupen los medios de (des)información por desgracia parece crecer.
Y cuando surge una duda comunitaria, se comienza a dar bombo a unas declaraciones de un entrenador de fútbol famoso, o a un programa de humor de otro país en el que se mofan libremente de los deportistas patrios.
Lo importante no es que aquí se siguen limitando derechos humanos, sino los guiñoles de Nadal o de Gasol o el modelo nuevo de Ferrari.
Y después de este montón de palabras soltadas desde la pena más profunda de mi corazón añadiré que, si bien dicen que no hay dinero para partidas sociales o I+D, no castigan el fraude fiscal, pretenden aumentar las subvenciones al mundo taurino, siguen pagando la deuda de los bancos, y continúan subvencionando con cantidades multimillonarias a la iglesia. Amén de varias modificaciones de ley más que poco o nada tienen que ver con la economía, que presumiblemente era lo más inmediato a abordar.
Y apenas llevamos tres meses de gobierno.
Además, si bien dicen que las autonomías multiplican por 17 los gastos del país, son estas de manera independiente las que ejecutan leyes que limitan todavía más los derechos ciudadanos, pero de eso nadie habla.
Mientras presumen y declaran a voz en grito que este es un país moderno y demócrata, fortalecen el bipartidismo y reniegan de los ciudadanos. Tanto valor tenemos para ellos, que gastan partidas millonarias en gases lacrimógenos y en material bélico para las policías de todo el país. La gente con estudios se está yendo, y hasta los inmigrantes vuelven a sus países porque consideran que este ya no pertenece al grupo de los ricos y no pueden buscarse la vida.
En mi modesta opinión, hoy por hoy, somos carne de cañón. Y nunca, más desafortunadamente dicho.