domingo 14 de febrero de 2010
SOMBRAS.
Jamás pensé que el corazón fuera cobijo de sombras; ni que éstas fueran tan profundas y tan densas como las que he observado en el mío. Y no parecen tanto sombras como espacios ocupados por una espesa negrura. Casi la puedo coger. Pero sí es seguro que siento su peso, es la carga extra que me impide avanzar. Y en el sitio en el que estoy quieto noto un gélido viento que procede de la oscuridad. Creo que algunos lo llaman soledad.
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