Nos pasamos la vida así. Esperando a que nos atiendan, o a que deje de llover, al autobús, a que llegue la hora del bocadillo cuando trabajamos, o a que la persona a la que miramos a los ojos nos haga alguna indicación que sólo nosotros entenderíamos para hacernos saber que quiere dormir con nosotros. Y además de esperar, nos pasamos la vida suponiendo e imaginando respuestas. Suponemos que el tendero/la tendera dejará a un lado la docena de clientes que hay delante nuestro porque a nosotros ya nos conoce y somos más "guapos"; suponemos que va dejar de llover porque hemos de ir andando a cualquier lado y si no nos pondremos hechos una sopa; lo del bocadillo en el trabajo... tarde o temprano llega. Y lo de la persona que nos interesa... entramos en mundos surrealistas y manipulados, como los de Bradbury o George Orwell. Pensamos que todo sigue nuestro patrón y nuestra lógica y enseguida nos vemos en la cama del susodicho, aun cuando este no nos haya hecho el menor caso. La nuestra es una mente caótica e imaginativa que para nada conexiona día a día con la realidad. Y hoy, en mi caso, mientras he esperado alguna señal, el tiempo ha pasado y mi cuerpo ha admitido más alcohol del que le corresponde, aunque siendo franco, eso no es difícil pues no bebo normalmente. Sólo tengo claro que cuando he llegado a casa, incluso varios momentos antes, me he sentido profundamente sumido en un lodazal de egocentrismo que sinceramente no corresponde con mi forma de ser... ¿consecuencia? Mañana me dejo de tonterías y asumo la realidad. Hoy, como ayer, y como anteayer, era un día cualquiera, sin connotación especial de superhombría o superatractivo. Mi realidad es la que es.