LA FRASE.

La esperanza es el sueño del hombre despierto.

Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.

sábado 20 de junio de 2009

DECEPCIONES.

Me está quedando claro últimamente que tener principios, y tenerlos claros, es lo peor que le puede pasar a uno. Tener principios significa llevarte un chasco cada vez que lees un periódico, o cada vez que ves o escuchas las noticias en la televisión o en la radio. Significa darse cuenta que los grupos de comunicación no son objetivos, sino interesados. Significa darse cuenta que adolecen de escrúpulos al contar lo que pasa y que lo manipulan a conciencia; conciencia impecable pues la tienen sin usar. Pero lo mismo pasa con los políticos, que son esas personas que como no valen para trabajar se visten con trajes y se dedican a vivir de los impuestos de tod@s; sí, es cierto, ellos/as pronuncian muchas veces las palabras "trabajar duro" y hay personal que se lo cree, pero trabaja duro el que necesita de dos sueldos para llegar a fin de mes, o el que hace jornadas de 12 ó 14 horas por un sueldo normal sino miserable, o en general cualquiera que se parte el lomo en cualquier lugar para llevar unos billetes a casa. Decepcionan también aquellos que bajo la premisa de la "verdad absoluta" imponen sus análisis a los de los demás y se atreven a insultar y a despreciar a los que piensan diferente; por supuesto se consideran a sí mismos democráticos y tolerantes. Decepcionan los jefes de mi empresa cuando mienten, manipulan, coaccionan, amenazan y ningunean a los currelas. Y muchos de los compañeros de trabajo al no responder a esas amenazas. Y muchos otros que con un aura de persona especial pasean sus "privilegios" por los pasillos de la fábrica riéndose de los que barren o sudan.
Cada vez estoy más convencido que tener principios en este mundo de despropósitos, mentiras y fraudes es, sencillamente, decepcionante.

martes 2 de junio de 2009

VITORIA-GASTEIZ. ETERNO DEBATE.

Ciudad de humedales y zonas verdes. Inmensa zona de obras repleta de "capataces" ociosos y criticones siempre insatisfechos con los progresos. Amable por naturaleza, por esa misma que la rodea y le da olor a hierba recién segada, a tierra arada preparada para sembrar. Sempiterna boina de nubes dispuestas a mojar a sus provincianos habitantes, pegados desde la infancia al también sempiterno paraguas. La ciudad del fresco al atardecer en primavera y del paseo por la calle Dato los días de calor de verano. Los bailes agarrados en La Florida y los saludos entre vecinos en una Vitoria-Gasteiz en la que todo el mundo se conoce. Y sobre todo ciudad enraizada en costumbres antiguas y nuevas. Acostumbrada a debates eternos y estériles, reacia a cambios notables que supongan un cambio en la rutina. ¿Bancos corridos o sillas individuales en las plazas?, ¿estación intermodal soterrada o en superficie?, ¿cambio de fechas de las fiestas de la ciudad?. Y mientras los debates se suceden imparables y repetitivos nos quedamos atrás. Las marquesinas de las paradas de los urbanos son bonitas pero poco prácticas porque hubo debate pero no soluciones. El tranvía causa atascos y no está señalizado porque hubo debate pero no soluciones. Y el museo nuevo de la Cuchillería, y la estación vieja de autobuses de la calle Francia que dió paso al museo Artium, y la nueva que se construyó en Los Herrán para salir del apuro, provisional para siempre, como casi todo en esta ciudad. Antiguo modelo europeo en equipaciones cívicas, y de hecho modelo antiguo de todo, proyecto de modernidad aparcado en un cajón escondido de los gobernantes, cobardes y soberbios más atentos a los escaparates que a los interiores. Ciudad ancestral y mágica, de más de mil años, de victorias visigodas y reyes castellanos, incluso de ejércitos napoleónicos. Ciudad abierta a la llanada siempre añorando la llegada de un tren digno de merecerla que sus propios habitantes no son capaces de vislumbrar en lontananza; quizás porque ya ha parado cansado de circunvalarnos.
Si fuéramos capaces de abrir las ventanas para que entrara aire limpio, ese aire procedente de otras ciudades repleto de ideas frescas y vanguardia. Si fuéramos capaces de quitarnos tan sólo unos minutos la txapela... seríamos capaces de todo. Si fuéramos capaces.