Podía ser más diplomático o menos explícito, pero no me apetece. He estado cuatro días de descanso en un hotel rural en Asturias, cerca de la conocida ruta del Cares; paisaje maravilloso. Además de la susodicha ruta hemos visitado pueblos como Llanes o Lastres, los Lagos de Covadonga, y los bufones de Prías, accidente geológico curioso e impresionante. Todo lo que hemos visto nos ha encantado pero siempre me encuentro con impresentables allá donde vaya, da igual lo lejos que esté el lugar. La foto está sacada en la zona de los bufones, a escasos sesenta centímetros de un acantilado vertiginoso, lo que demuestra que la ausencia de respeto por lo que nos rodea también se asoma al mar. Meten la basura entre las rocas como si ahí desapareciera al darse uno la vuelta, o directamente al suelo sin escrúpulos. El caso es que una caja de cartón como la de la imagen se puede degradar en alrededor de un año, pero el envoltorio de plástico si hay suerte durará "sólo" alrededor de 150; peor será si cae al mar.Y si lo que tiran es una pila, que también las ví, estas pueden aguantar 1000 años hasta desaparecer, pero es que mientras tanto permanecen como agentes nocivos que contaminan el agua y la tierra. Me pregunto yo qué costará meter la basura en la misma bolsita en la que se lleva el almuerzo a la playa o al monte, o guardarla en el bolsillo o llevarla en la mano unos instantes hasta encontrar una papelera. Sí, vivo en un mundo utópico en el que se respetan las normas básicas, pero al despertarme me encuentro entre montañas de recipientes y basura. No puedo entender qué les cuesta a esos guarros aguantarse un poquito y tirar las cosas donde corresponde; no cuesta nada y los pocos recursos de los que dispone el ser humano se mantendrían en mejores condiciones de lo que están ahora. Seamos más limpios que viviremos todos mejor y este planeta azul nuestro tan bello lo será todavía más.
LA FRASE.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.
miércoles 29 de abril de 2009
GUARROS.
sábado 18 de abril de 2009
EMILIO OLABARRIA Y OTROS GRACIOSOS.
¿Saben aquel que dice...? Pues ese es Emilio. Que como no sabemos muy bien qué explicaciones dar para salirnos con la nuestra (la de ellos digo), pues se le ha ocurrido decir que ahora la esperanza de vida es más larga que antes, y que hemos de trabajar más allá de los 65, porque si no el sistema de pensiones se colapsará y todo se irá al garete. Esa es una de las últimas que han soltado parte de nuestros gloriosos y competentes y trabajadores políticos (aquí recuerdo una anécdota de mi vida con uno del PNV). Y suelta esa en plena época de ERE's, que yo también estoy viviendo, y con la gente en la cola del paro y muchos sin cobrar ya prestaciones. Y para recochineo, lo dice uno que hasta hace poco ha estado en un gobierno que presentaba supéravit un año sí y otro también mientras la educación, la salud y en general todos los servicios públicos se iban a la mierda. Tienen el valor de hacer esa propuesta de mano del PP y la patronal, cuando ésta última pide una rebaja para las empresas en la cotización por cada trabajador. Por supuesto, amén de despidos más baratos y subvenciones. Pero resulta que yo miro a mi alrededor y a los que veo que necesitan ayuda para pagar la casa en el banco no quieren ni recibirles, cuando curiosamente se está inyectando dinero público en la banca privada; dinero de los pobres para que los ricos puedan mantener el yate y el chalet. Y los políticos, ¿cómo pueden mantener ese nivel de vida si conozco gente que se parte el lomo de sol a sol y no les llega para llegar a final de mes?. En vez de controlar el fraude fiscal o los chanchullos que hacen con el IVA, les llevan en palmitas y les dan facilidades para que nos den a los currelas por donde se rompen los sacos. Incentivarán las obras públicas para así mantener cierto nivel de empleo, pero cuando estas se acaben... bueno, como pillará con algún campeonato de fútbol el pueblo ni se va a enterar; además podremos aprovechar para reformar leyes a toda prisa. Digo yo, que igual era mejor crear e invertir en nuevos hospitales, por ejemplo, creando nuevos puesto de trabajo públicos y de paso mejorar los servicios pésimos que existen. Y tan sólo es un ejemplo.
Sólo sé que en 15 años las ganancias de las empresas han crecido tres veces más que los salarios. Que en el estado 1 de cada 3 currelas no llega los mil euros mensuales. En Euskadi se han bajado de manera notable los impuestos a las rentas más altas, las empresariales y la de capital. De hecho, si ganas 12000 euros al año trabajando 1700 horas, vas a pagar un IRPF del 23%, mientras que si has ganado 3 millones de euros en la bolsa, el tipo fijo es del 18%. Hablando en plata, si trabajas como un esclavo vas a sacrificar más de tu sueldo que si has tenido un golpe de fortuna en la bolsa. Y también se ha eliminado el impuesto de patrimonio, que gravaba a los más pudientes. Pero bueno, como ha dicho algún otro gracioso por ahí, esto no es como para una huelga general, igual sólo para una manifestación. Claro, claro, y con el esqueleto de un pollo en vez de hacer caldo damos de comer en una boda. Sólo añadir que en la mayoría de grandes economías europeas tienen una edad de jubilación inferior a la española, que trabajan menos horas al año siendo además más productivos, y que encima ya se han empezado a recuperar.
domingo 12 de abril de 2009
GOTAS.
Llueve. De hecho lleva lloviendo toda la noche. Lo sé porque desde la cama con la cabeza pegada a la almohada escucho las ruedas de los coches sobre el agua en la calzada. Es algo habitual en esta ciudad, de eso no tendrá duda todo aquel que la conozca un poco, pero cuando lo hace nadie ve más allá de si tiene los dobladillos del pantalón mojados o del agua que tramposa ha quedado debajo de las baldosas sueltas. Llueve contra el suelo, contra los árboles, los tejados o incluso las piscinas, y las gotas, auténticas protagonistas, lo viven de una manera distinta cada una. De día o de noche, eso no importa en absoluto, la sensación de caer del cielo viene a ser la misma, aunque seguramente a oscuras gane en emoción. La diferencia viene cuando su transporte sobrevuela una ciudad o un pueblo. Si hace viento las gotas más desafortunadas no alcanzan el suelo y se estrellan contra las ventanas de los edificios o contra las paredes; en mi casa la inmensa mayoría de ellas son tragadas por las grietas de la fachada y en pocos días forman parte de la sempiterna y sombría mancha de humedad que hay en el descansillo de la escalera. Es el particular infierno de las gotas. Pocas son las que advertidas del horror que les aguarda son capaces de ingeniárselas para evitar el hueco y resbalar por la pared hasta el suelo desde donde tarde o temprano pueden volver a evaporarse. Y es que ese es el destino soñado. Es la culminación del ciclo al que están condenadas. Algunas afortunadas caen divertidas sobre las rosas del patio, sacudiendo violentamente los pétalos porque la velocidad a la que caen es asombrosa, pero eso es algo en lo que nadie piensa ¡valiente memez fijarse en la velocidad de la lluvia!. Sin embargo y a pesar de la ruta por la que los vientos dirigen las nubes ellas se lo pasan genial. Disfrutan de la caída un montón de metros sin pensar en el destino final. No quieren saber si van a caer en una charca de la sabana africana o en un tejado de Murcia. El destino sólo es motivo de nervios los últimos metros, ya que desde que se tiran disfrutan del vértigo y sería bobada estropear esos instantes. También en esto las hay atrevidas, y son las que se enganchan a las nubes que ponen rumbo a un ciclón tropical o a las desafiantes y temibles tormentas polares. Pero tampoco es motivo de tristeza o agobio un viaje en particular, pues en su fuero interno saben que tarde o temprano (quizás años pero eso no importa) volverán a caer vertiginosamente desde las alturas.