LA FRASE.

"Luchamos más por nuestros intereses que por nuestros derechos." Napoleón I.

miércoles 25 de febrero de 2009

MAÑANA DE MIÉRCOLES.

"Meditar una hora, entrar un rato dentro de sí e inquirir hasta qué punto tiene uno parte y es corresponsable en el desorden y en la maldad del mundo; mira, eso no lo quiere nadie. Y así seguirá todo, y la próxima guerra se prepara con ardor día tras día por muchos miles de hombres. Esto, desde que lo sé, me ha paralizado y me ha llevado a la desesperación, ya que no hay para mí 'patria' ni ideales, todo eso no es más que escenario para los señores que preparan la próxima carnicería. No sirve para nada pensar, ni decir, ni escribir nada humano, no tiene sentido dar vueltas a buenas ideas dentro de la cabeza; para dos o tres hombres que hacen esto, hay día por día miles de perdiódicos, revistas, discursos, sesiones públicas y secretas, que aspiran a lo contrario y lo consiguen."
Fragmento de "El lobo estepario" (1927), de Hermann Hesse, Premio Nobel de literatura en 1946. Escritor alemán nacionalizado suizo en 1921, tras publicar un ensayo en el que criticaba el nacionalismo alemán.

Sencilla y llanamente magnífico. Visionario y atormentado defensor de un mundo utópico en el que la gente no se pelea y todo el mundo se comprende y acepta.
Y ochenta años después, este mismo fragmento, por no decir el libro entero, se puede trasladar a la realidad que vivimos sin eliminar ni una palabra. Gente ambiciosa y detestable, inculta y prepotente que busca la aniquilación del vecino por poseer una bandera con colores distintos. Y me pregunto yo, para qué sirven las banderas, y las patrias, y las fronteras, por qué luchar en nombre de un país si la sangre derramada es tan roja como la propia. Un mundo siempre absurdo lleno de gente absurda, acomodada en la rutina y sacando las uñas para no ser sacados de ella. Un mundo absurdo dominado por la insensatez y la envidia, en el que los ideales y los principios sólo valen si proporcionan dinero. Y a pesar de que me tomen como prepotente a mí también, me siento como esos "dos o tres hombres" de Hesse que piensan distinto a los demás, y siento que vale de bien poco luchar pacíficamente por cambiar esto. Muy a mi pesar, las balas son más fuertes.

sábado 21 de febrero de 2009

EXTRAS QUE NO VALEN PARA NADA.

Siguiendo un poco con el tema del post anterior, con respecto a la ecología y al despilfarro innecesario, hay varios elementos en el día a día que me resultan difíciles de comprender, pues no sé que función cumplen algunas cosas de las que veo; me explico. En la sección de yogures del supermercado, por ejemplo, si no tienes las cosas claras te puedes volver loco en cuanto a variedad de sabores, marcas y texturas. Pero yo, que soy un poco quisquilloso con algunos temas, me fijo también en otros aspectos. Hay paquetes de yogures con sus características impresas sobre la etiqueta que rodea el envase, y otros paquetes que además de eso, son puestos a la venta con un envoltorio extra de cartón en el que vienen impresas las mismas características que en la etiqueta del vaso de los yogures, ¿me explico?. También pasa esto con zumos, legumbres, pasta, arroces, bebidas diversas... ¿sabe alguien explicarme por qué es necesario ese envoltorio extra?. Alguno dirá que soy un exagerado, pero multiplicamos los envases por millones vendidos al año y el extra ese se convierte en algo de magnitudes considerables. Me pasa lo mismo con los medicamentos. Yo tomo uno (por desgracia) que viene en una cajita de cartón serigrafiado a cuatro colores, las cápsulas de aluminio en las que van protegidas las pastillas vienen a su vez forradas de cartón, y además de eso, las indicaciones e instrucciones de uso vienen en una especie de libreto de papel muy gordo y encuadernado. ¿Es imprescindible tanto papel para algo tan efímero como una caja de medicamentos?, ¿por qué no imprimen las características dentro de la misma caja?. ¿Y qué me decís de los adornos que vienen acoplados a las etiquetas de la ropa?. Viene la etiqueta con la talla, el lote y algún dato más, y además de eso, una cartulina con dibujos que no vale para nada, otra de plástico, otra de cartón con más dibujos, y en ocasiones alguna de tela. Y con cualquier producto que compréis podéis comprobar cómo hay elementos añadidos al mismo que son fácilmente eliminables por cuanto no aportan nada. Creo que no es tema baladí, y que merece la pena discurrir sobre la cuestión. Yo me pongo a ello y a darle forma a una queja a instancias superiores que puedan explicarme por qué se permite esa absurdez.

martes 17 de febrero de 2009

YA HA EMPEZADO LA CAMPAÑA.

Catorce horas de la mañana del domingo 15 de febrero. Había tenido mala noche y me había levantado apenas diez minutos antes. El caso es que llaman al timbre de la puerta. Con el pijama, los pelos de recien levantado y pintas de estar más bien mal de la cabeza. Abro pensando en que será algún vecino, y me encuentro a un chaval de alrededor de veinte años con varias bolsas de papel blanco en la mano; me entrega una diciendo que son regalitos y propaganda electoral. Lo miro alucinado (me habría gustado saber que pensó él al verme) y como mis dudas por el momento que estoy viviendo son claras, insiste en que sí, que la bolsa es para mí y que es gratis, que son regalos. La cojo y dándole las gracias cierro la puerta. El logotipo de un partido nacionalista está serigrafiado en la inmaculada bolsa. Miro en el interior y veo varios caramelos, un mechero, dos globos verdes, papeles, y un imán para la nevera con el nombre del lehendakari escrito en él. Y es domingo, y son las dos del mediodía. Y me pregunto dónde están los regalos, y qué les hace pensar a los de ese partido que estoy interesado en recibir ese tipo de cosas en casa, si cuando los veo por la calle cambio de acera. Me da lo mismo ese partido que otros; me parece absurdo que regalen globos y bobadas de esa índole un mes antes de las elecciones. ¿En eso gastan el dinero que reciben de las subvenciones?. No me gustan los políticos, y menos aún el despilfarro de fechas preelectorales. Hace casi un año hice un "pequeño estudio" (pinchad y leed por favor)sobre la cantidad de papel que gastaban en estas fechas y con los cálculos que me salían sólo se me ocurría que esta gente se merecía poco menos que unas jornadas de tortura china. Ahora todos son guap@s (gracias a Photoshop) y sonríen. Todos prometen y ponen cara de estar atentos a los problemas reales de los ciudadanos. Sin embargo, sigo sin verlos en el mercado haciendo la compra, o viajando en el tranvía que tan bueno es para la ciudad. O viajando en bici, o manifestándose con los trabajadores de cualquier empresa en la que hacen regulación.
Los caramelos los he guardado, y el mechero también. Los globos y el imán a la basura, y la bolsa de papel para reciclar. Eso es lo que han conseguido de mí.

sábado 14 de febrero de 2009

EL TURISTA SUICIDA DE ZARITSKY.

El documental de John Zaritsky ha significado para mí la confirmación de algo que en realidad, no necesitaba confirmación. La vida de una persona que no puede valerse por sí misma por una enfermedad, y su decisión de dejar este mundo de una manera civilizada y digna. La determinación con que se expresaba, y el miedo por saber que se avecina el adios definitivo. A la vez el pánico a quedarse en la cama como un vegetal, a causar sufrimiento a sus seres queridos para acabar muriendo de todas maneras. Morir, o sufrir y morir; vaya dos opciones. Y lo triste es que el mundo se atreve a juzgar a esa gente que decide poner fin a su vida voluntariamente, y me dan igual los motivos, porque tampoco estoy hablando de la decisión de un quinceañero por un amor no correspondido. La eutanasia, o el suicidio asistido, son derechos, y no posibilidades sometidas al dictamen de un grupo de políticos o de religiosos. Sencillamente, el que piense que es malo que no lo practique, pero que se acabe la intromisión ajena en la vida propia. Son opciones personales, muy duras de asumir por los que las toman, pero mucho más cuando sin conocerles de nada los que les rodean se atreven a dictaminar lo que está bien y lo que está mal. Y a eso voy yo.
Pienso muchas veces en la vida de esas personas, en el sufrimiento que padecen por esa falta de intimidad a la que de repente se tienen que enfrentar. Por esas cadenas invisibles que brotan alrededor de los seres queridos en forma de cuidados y atenciones. Y no. Yo no quiero llegar a ese extremo. Quiero poder tener capacidad de decisión propia y no que sean las leyes y las máquinas las que alarguen mi vida en caso de no haber remedio. Quiero vivir la vida, no padecerla. Quiero disfrutar del aire libre siendo consciente de que lo respiro. Que nadie me imponga un dios en el que no creo, ni unos principios que no son los míos. Mi vida no pertenece a gente que no me conoce; mi vida me pertenece a mí.

Nayra, pongo canción a este post gracias tí:
http://www.youtube.com/watch?v=BXISm3JjYU0

jueves 5 de febrero de 2009

NEGANDO DERECHOS AJENOS.

Me parece sorprendente el escándalo que se ha montado en Italia con el caso de esa chica que lleva 16 años en coma (coma irreversible según constatan los informes médicos). No tanto el hecho de que la iglesia se esté metiendo por medio, sino que el caso se haya complicado porque el estado ha sucumbido a las presiones de esta. Por más que me lo expliquen no lo acepto. Siempre he dicho que una cosa son las ideas que esta tenga, los principios, los dogmas de fe, y otra muy distinta la intromisión indriscriminada que hacen en la vida de cada uno de nosotros sin tener en cuenta que aquí cada uno es dueño de sus actos y que el pensamiento único es cosa de tiempos muy lejanos. Yo soy ateo y he tenido conversaciones sobre religión con Testigos de Jehova, con mormones, y con cristianos de mi alrededor, pero esas charlas sólo se han movido por la curiosidad, no por la imposición, y se han desarrollado en un clima cordial en el que ambos aceptábamos el punto de vista del otro. También creo que sería de idiotas pensar que todo el mundo es igual de razonable. Pero eso de interferir en la vida de todos porque sí, con eso no puedo. Tienen miles de demandas en EE.UU. (por ejemplo) por casos de pederastia, pero lo único que hicieron con los curas involucrados es trasladarlos a otras parroquias. Aquí también diré que creo ciegamente en la inocencia de cualquiera hasta que se demuestre lo contrario, pero es que incluso cuando se ha demostrado que había culpabilidad los jerarcas los han justificado. Y ahora con el negacionismo a vueltas, que la han liado parda, empezando por el propio Papa. A lo que iba, que tienen docenas de problemas internos, en parte porque siguen queriendo manejar el cotarro como lo hacían en el medievo (Papas corruptos como Clemente V entre muchos otros), pero se niegan a poner remedio, reconocer sus errores, y partir de una nueva teología acorde a los tiempos en que vivimos. No se puede imponer un pensamiento, y decir esto a estas alturas de siglo debería ser una estupidez, pero con algunos parece que la libertad no vale. Que se dejen de bobadas de una vez, que actualicen su sistema a la realidad de la calle. A la iglesia, alguna otra vez lo he dicho, le salva los cristianos de base, porque desde luego, si fuera por sus "jefes" a lo mejor eran ellos los perseguidos por tantos despropósitos. Amén.

domingo 1 de febrero de 2009

VIAJE A PARÍS. 3ª PARTE.

1ª Parte. 2ª Parte. Recuerdo con sensación de frío las colas que había que "sufrir" para acceder a cualquier monumento. Especialmente en la Torre Eiffel la gente que quería subir era difícil de contar, y eso que estaba nublado y no dejaba ver demasiado bien la panorámica de la ciudad. Alrededor de todo lo turístico había "espabilaos" que al pasar al lado tuyo se agachaban a coger algo del suelo y al incorporarse te enseñaban un anillo, como si fuera tuyo y ellos lo hubieran encontrado; inmediatamente después te pedían dinero por la supuesta molestia y aunque te dieras cuenta del "juego" ya era tarde para quitárselos de encima, y si no les dabas nada te echaban todo tipo de improperios e insultos. Nosotros no caímos. De todas maneras, el tiempo que estuvimos esperando para subir hasta arriba mereció la pena con creces. Lo mismo que en Notre-Dame, digna de ver por dentro y por fuera; contemplarla desde el puente por el que se accede a la otra isla es una gozada. En realidad desde cualquiera de los puentes que jalonan el Sena se pueden ver buenas vistas de París; mucho más en primavera, porque en otoño te quedas petrificado por el frío. Nos llamó la atención que en las galerías comerciales no hubiera baños públicos como aquí. Tan sólo baños privados en los Campos Elíseos, y por echar una "meadilla" nos soplaron 4 euros.
Una zona que nos gustó mucho es el barrio de los pintores (quitando a estos y sus negocios) y Montmartre, pero no así el Sagrado Corazón, que lo único destacable que tiene son las vistas de la ciudad. Y en general toda la ciudad, que está llena de esquinas encantadoras y rincones fabulosos. Por cierto, también nos dejó ojipláticos la cantidad de chocolaterías que había y la pinta que tenían los chocolates. Y recuerdo un sitio en el que entramos a comer un bocadillo, cercano al edificio de la Opera, en el que el dueño chapurreaba castellano pero decía "Tapas" a la perfección por una visita que había hecho a Donostia en la que se había puesto morado de pinchos y vino de Rioja.
No soy persona de muchos viajes la verdad, y tengo varios destinos en la cabeza a los que quiero ir tarde o temprano como Nápoles, de donde es mi buen amigo Vini, pero tengo claro que París es, sin duda alguna, una ciudad a la que merece la pena volver.