LA FRASE.

"Luchamos más por nuestros intereses que por nuestros derechos." Napoleón I.

jueves 23 de octubre de 2008

PARÍS.

Mis pretensiones de escribir cada tres días o dos en el blog han resultado ridículas. La vida y sus disgustos se llevan buena parte del tiempo que empleamos en mantenernos despiertos, el resto, a la piltra. Pues yo me voy a tomar unos días de vacaciones declaradas en la ciudad de la luz. Un apartamento coqueto en pleno distrito 1 (más barato que un hotel y más práctico), una plaza de parking reservada desde casa, y las cámaras de fotos. Poco más aparte de ropa de abrigo, que luego, y para envidia de alguno, visito también Annecy, en los Alpes. Y poco más que contar. Lo tomo como una cura mental y espero que el tratamiento sea efectivo.
En cuanto a París, decir que le llaman la ciudad de la luz no por temas románticos ni nada por el estilo, sino por ser la primera ciudad del planeta que incorporó luz eléctrica a sus calles y edificios más importantes, cuando la mayoría de urbes se iluminaban aún con luz de gas y candiles algunas otras. Una ciudad enorme en la que, si contamos todo el área metropolitana, viven alrededor de once millones de personas, lo que supone el veinte por ciento del total del país vecino.Calles repletas de "Boulangeries" para gusto mío, y disgusto de los que me rodeen por la posibilidad de explosión.
Estimadas/os lectoras/es, gracias por seguir viniendo a verme de vez en cuando. Muxu pila bat.

sábado 18 de octubre de 2008

SUSTO.

La calle en la que vivo ha llegado a estar entre las diez calles vitorianas que más tráfico soportan al cabo del día; siempre hay bocinazos, griterío, sirenas varias... Y ayer viernes, 17 de octubre, en casa viendo tranquilamente la tele después de una semana terrible y agotadora. Y otros bocinazos y gritos, justo enfrente del portal. Me asomo al balcón dejándome llevar por la curiosidad que mató al gato. Un coche en mitad de la calzada, y un brazo que intenta meter marcha pero el coche no va hacia adelante, y claro, viernes noche, todas las bocinas de los impertinentes de turno se unen en un coro que a los vecinos de la calle nos tiene locos. Hace acto de presencia un policía municipal fuera de servicio y le dice al hombre que o retira el coche del medio de la calle o le denuncia mientras ayuda a un urbano a pasar por el estrecho camino que ese coche le ha dejado. Pero algo no cuadra. Desde casa puedo ver a través de la luna delantera el brazo del hombre y lo mueve sin coherencia alguna, así que llamo a los municipales que sí están de servicio para que vengan a echar un vistazo pues el atasco es monumental. Acto seguido el que está en la calle ayudando al autobús se acerca al coche, abre la puerta y le coge el brazo al conductor mientras le empieza a hablar con mucha más calma. Me visto y bajo corriendo por si puedo ayudar porque está claro que el conductor tiene serios problemas. Y efectivamente, el hombre no respondía, ni se movía, con los ojos ausentes. El otro hombre de un brazo y yo del otro por la puerta del copiloto intentamos hablarle despacio y con suavidad porque empieza a tener problemas al respirar. Ya ha llegado la policía municipal y han llamado a la ambulancia, pero el hombre se pone peor y hay un momento en que los que estamos con él pensamos que va a dejar este mundo. Y mientras su móvil suena sin cesar, como si alguien supiera en algún lugar que a ese ser querido le está pasando algo grave. Le damos ánimos. Le cojo por detrás del cuello acariciándole porque recuerdo haber leído en alguna parte que a pesar de la inconsciencia el cuerpo humano distingue las caricias, y ese hombre no tiene conocidos alrededor y está viendo la barca de Caronte acercarse a su orilla. Y después de varios sustos más y algunos minutos los chic@s de la DYA consiguen sacarle del vehículo y se lo llevan al hospital.
Y lo que me deja más perplejo y me come las entrañas. Toda la gente de alrededor asomando las cabezas para ver como sufre el hombre, pero nadie se acerca para prestar ayuda. Tan sólo dos chicas en un coche con una pegatina de Hala Bedi, que por lo visto una es médica. Y la circulación que sigue pasando por el otro carril, todavía haciendo uso de las bocinas a pesar de las sirenas de la ambulancia. El ser humano no pierde a pesar de la evolución la capacidad de odiar y menospreciar. Y la evolución es sólamente técnica, nada más. Los sentimientos no llegan a un plano superior. Me cago en las bocinas del mundo que sólo proclaman paso para ellos. Me cago en el idiota que le gritó al señor y como un energúmeno, con ayuda de otros dos idiotas movieron el coche de mala manera sólo para poder pasar ellos. Me cago en los mirones y en el chico absurdo que vino a preguntarme si al señor le había sentado mal la cena... ¡y yo qué cojones sé si el hombre ha cenado si a mí lo que me importa es que estaba más cerca de allí que de acá!. Puta gente.

jueves 16 de octubre de 2008

LÁSTIMA.

Qué raro pasa el tiempo en ciertas circunstancias. No digo lento, ni rápido, digo raro. Todo lo que te rodea es surrealista. En todo aquello en lo que mis ojos se posan parece haber un marchamo de tristeza, o quizá tan sólo de cruda realidad; o de absurda realidad... quién sabe.
Y es que un corazón angustiado no mueve mundos ni anima noches. Un corazón angustiado pesa como el plomo, enterrando el resto del cuerpo en el asfalto. Prepararse en esta vida para la siguiente como dicen los católicos me parece una soberana gilipollez (perdón, pero soy ateo recalcitrante), pero a veces disfrutar de lo que nos ofrece lo que nos toca vivir se hace sumamente complicado. Las flores son grises, las personas también, las aspiraciones y anhelos trabajados desde tiempo atrás parecen ser apenas un mal recuerdo de alguna vida pasada. Y estas crisis me duran poco afortunadamente, pero que puta es la vida cuando no te enseña tintas de colores, y cuando sobre lo pintado derrama un cubo de agua diluyendo las alegrías. Si alguien tiene las instrucciones para resetearse uno a sí mismo que me las mande vía urgente... por favor.

domingo 5 de octubre de 2008

IDIOTAS.

He pasado dos semanas con la cabeza llena de cosas (para no variar). Problemas familiares, historias del trabajo, y, mucho más divertido, los días de vacaciones que voy a disfrutar dentro de poco.
Yo de cualquier cosa hago un debate interno, y me discuto a mí mismo durante largos ratos sobre lo bueno o lo malo de las situaciones en las que me encuentro, u otras imaginarias. Y de repente me acuerdo.. "Vaya... si yo tenía un blog." Pero en vez de plasmar ese torrente de pensamientos (seguramente la mayor parte de ellos sin sentido) en este espacio, me dejo llevar por mi fantasía y todo se queda al final en mi mundo.
Con el anterior post recordé algo que me pasó con en un trabajo que tuve aunque no me parecía el momento indicado para explicarlo aquí, pero ahora, después de ver que mi mente se pira a París por sí misma, y que este blog lleva desierto un par de semanas, lo largo y me desahogo.
Trabajé durante unos meses con Mariano, poniendo moqueta en las casas, suelos laminados y haciendo chapuzas varias. Con ese señor fuímos Pedro (mi compañero) y yo a cambiar un felpudo a un portal de una "distinguida" zona de esta ciudad. He de decir que se trabajaba bastante, que había componentes extras como aguantar el mal humor trabajando de Mariano (perdón, pero las cosas como son), y que mi sueldo era de noventa mil pelillas de las de entonces; poco dinero para tanto desgaste. El caso es que el jefe me mandó subir a donde el administrador de ese portal ha dejarle los retales que habían sobrado. Coincide, y aquí una de las claves de semejante rollo, que era un insigne político de rancio abolengo y largo apellido del partido vasco por antonomasia; y porqué no decirlo, un verdadero gilipollas. Llamé al timbre, abrió la puerta y sin terminar de explicarle quién era, el tío me dijo que no estaba para ese tipo de chorradas, porque el estaba trabajando, no como otros. Yo tenía 24 años creo recordar, y las rodillas jodidas por andar todo el día en el suelo currelando, y ese tipejo me viene con esas. Me quedé tan alucinado que bajé detrás de este "trabajador por el pueblo" y me planté con cara de idiota delante de mi jefe, que encima (y por pringado) me echó la bronca por no haberle dicho nada antes de que el politiquillo se fuera. En fin, que a mí me quedó claro que esa gente que dice trabajar por el pueblo, es del único tipo de gente del que uno no puede fiarse. Y algunos de ellos dirán que ese es un caso aislado y que los políticos en general están a pie de calle luchando por solucionar nuestros problemas. Entonces yo me río sin parar mirando las manos sin callos que tienen, y si no fuera porque uno es educado y no le gusta la violencia, les dejaría un par de recuerdos en la cara tan larga con la que nacieron. Saludos y abrazos y besos a los currelas del mundo.