En la 1ª parte comenté más que nada el tema del alojamiento, y como en nuestro caso fuímos en coche, algún que otro detalle a tener en cuenta por esa circunstancia. Relacionado con el coche, un detalle un tanto importante. Llegar a París es relativamente fácil sin gps, y con gps muy fácil. Peero, el hecho de llevar gps, a no ser que se compre el mapa de Francia, no te salva del lío una vez que has llegado a la capital. Y es que normalmente al comprar un navegador este viene con el mapa peninsular y los mapas de las principales carreteras europeas; por lo tanto, una vez que te metes en ciudades no incluídas, el cisco es monumental. De hecho, nos costó más de dos horas encontrar el parking, pues la calle del mismo no figuraba dentro del mapa del gps. Finalmente logramos aparcar en la calle, y andando de camino al apartamento localizamos la entrada al aparcamiento. He de decir que había leído en más de un sitio que el carácter de los parisinos es más abierto y amable que el del resto de los franceses, y desde luego nosotros no tuvimos ningún problema a la hora de preguntar sino al contrario, cualquiera te echaba un cable. Lo que llama mucho la atención del tráfico de esa ciudad es la movilidad de los autobuses urbanos, cómo respetan la mayoría de conductores a estos, y la increíble cantidad de motos y bicis que existen en la ciudad. Las bicis además comparten los carril-bus en muchos tramos por lo que se convierten en un medio de transporte muy rápido. Gente mayor con el pan en la cesta, y ejecutivos con el maletín y el traje pedaleando. Y por cierto, que tienen un sistema de préstamo de bicicletas que nada tiene que ver con el que por ejemplo tenemos en Vitoria-Gasteiz. Aquí el préstamo es gratuito pero los velocípedos son, digámoslo claro, una porquería; además dependes del horario de los centros-cívicos que es en donde están ubicados. Allí las tienen distribuidas por toda la ciudad, y pagando poquito en una máquina parecida a las de la OTA puedes cogerla donde quieras y dejarla donde te dé la gana.A pesar de este "Elogio a la bici", nosotros fuímos andando a todas partes. Es lo que merece la pena si quieres ver cómo se vive en la ciudad, la actividad de sus comercios y el ritmo frenético de las calles. Calles en las que por cierto dominaba el olor a comida y pastelería. Quizás lo peor era encontrar un sitio para tomar un café y comer algo, pero tuvimos la suerte de encontrar un pequeño local que tenían comida preparada y que todos los que trabajaban allí hablaban castellano, algo que agradeces después de horas de andar (y con el frío que hacía). Muchas cafeterías tenían mesas en las calles, con unos calentadores de butano enormes que templaban el ambiente, y era curioso ver cómo la gente se sentaba siempre mirando hacia la calle; pocos daban la espalda a los viandantes. En lo relativo al café, y sin que sirva de precedente, nos decantamos por los Starbucks, y es que a pesar de que yo siempre opto por los negocios digamos familiares, y huyo de las franquicias, la relación calidad-precio-tamaño de los cafés comparada con la inmensa mayoría de las cafeterías no tenía color. Cafés enormes, decentes en cuanto a sabor, y ni tan mal respecto al precio.
CONTINUARÁ...
3 comentarios:
Ja jaja!
Ya habia oido lo de los parisinos y los cafes. Se sientan así para ver pasar al personal y fichar (no se con que oscuras intenciones...).
Espero las siguientes entregas.
Qué gracia, mientras tú escribías esto yo estaba... En París (si no me equivoco, en Montmatre). Me ha encantado, qué sitio tan chulo... Imagínate el frío, que un mes después se nota la diferencia! Había un montón de turistas, sobre todo italianos y españoles que aprovechaban el puente.
Flipé con lo de la gente que se sienta como si estuviera en un escaparate. Por cierto, comimos fatal... lo único rico de verdad fue el sushi, porque con un restaurante oriental pocas veces te equivocas. Me atiborré a sopa de cebolla. No creo que en París se coma mal, sino que hay que saber dónde hacerlo. Bueno, ahora te toca a ti ir a Berlín. Un beso :)
jaja.. me alegro de tu vuelta. Y lo de París.. es más problema del idioma que de la comida sea mala. Nosotros las pasamos canutas con la comida, pero bueno, te acabas buscando la vida más que nada porque no queda más remedio. Y sí, París es una gozada. En cuanto pueda me voy a Berlín. Un besote.
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