He pasado dos semanas con la cabeza llena de cosas (para no variar). Problemas familiares, historias del trabajo, y, mucho más divertido, los días de vacaciones que voy a disfrutar dentro de poco.
Yo de cualquier cosa hago un debate interno, y me discuto a mí mismo durante largos ratos sobre lo bueno o lo malo de las situaciones en las que me encuentro, u otras imaginarias. Y de repente me acuerdo.. "Vaya... si yo tenía un blog." Pero en vez de plasmar ese torrente de pensamientos (seguramente la mayor parte de ellos sin sentido) en este espacio, me dejo llevar por mi fantasía y todo se queda al final en mi mundo.
Con el anterior post recordé algo que me pasó con en un trabajo que tuve aunque no me parecía el momento indicado para explicarlo aquí, pero ahora, después de ver que mi mente se pira a París por sí misma, y que este blog lleva desierto un par de semanas, lo largo y me desahogo.
Trabajé durante unos meses con Mariano, poniendo moqueta en las casas, suelos laminados y haciendo chapuzas varias. Con ese señor fuímos Pedro (mi compañero) y yo a cambiar un felpudo a un portal de una "distinguida" zona de esta ciudad. He de decir que se trabajaba bastante, que había componentes extras como aguantar el mal humor trabajando de Mariano (perdón, pero las cosas como son), y que mi sueldo era de noventa mil pelillas de las de entonces; poco dinero para tanto desgaste. El caso es que el jefe me mandó subir a donde el administrador de ese portal ha dejarle los retales que habían sobrado. Coincide, y aquí una de las claves de semejante rollo, que era un insigne político de rancio abolengo y largo apellido del partido vasco por antonomasia; y porqué no decirlo, un verdadero gilipollas. Llamé al timbre, abrió la puerta y sin terminar de explicarle quién era, el tío me dijo que no estaba para ese tipo de chorradas, porque el estaba trabajando, no como otros. Yo tenía 24 años creo recordar, y las rodillas jodidas por andar todo el día en el suelo currelando, y ese tipejo me viene con esas. Me quedé tan alucinado que bajé detrás de este "trabajador por el pueblo" y me planté con cara de idiota delante de mi jefe, que encima (y por pringado) me echó la bronca por no haberle dicho nada antes de que el politiquillo se fuera. En fin, que a mí me quedó claro que esa gente que dice trabajar por el pueblo, es del único tipo de gente del que uno no puede fiarse. Y algunos de ellos dirán que ese es un caso aislado y que los políticos en general están a pie de calle luchando por solucionar nuestros problemas. Entonces yo me río sin parar mirando las manos sin callos que tienen, y si no fuera porque uno es educado y no le gusta la violencia, les dejaría un par de recuerdos en la cara tan larga con la que nacieron. Saludos y abrazos y besos a los currelas del mundo.
3 comentarios:
Y a las currelas en paro?? Jeje, interesante historia. Me acordé de ti ayer, porque fui a ver Tiro en la cabeza... Es un experimento interesante, pero para verla en casa, si lo sé no pago por verla!
(Qué bien que hayas cambiado el color de fondo)
Besos.
Políticos.
Mejor no hablar de ellos.
Por diversas razones recientemente he estado entre ellos, y no ha cambiado para nada la mala opinión que tenía de ellos.
Mira Nayra, mientras no me digas que tienes unos cuantos millones de euros en el banco te consideraré currela, o sea que por mi parte estás saludada, besada y abrazada. (Me alegro que te parezca bien el color).
Y sí retje, para empezar son los que mandan a la guerra al personal y ellos y sus amigotes en casa.
EN fin, como decía el otro... ANARQUÍA TODO EL DÍA.
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