El noviembre pasado hubo en la central nuclear de Ascó (Tarragona) una fuga de "partículas contaminadas", y en ese momento ningún responsable del centro dió voz alguna de alarma. Más exactamente se le dió un valor nulo, resultando seis meses después que el valor real es de 2 sobre un valor de emergencia de siete. Y aunque por lo visto la fuga apenas es significativa, no da tanto miedo el escape en sí como el mutismo que ha habido por parte de la dirección de la central. Y la contradicción viene además en asegurar que un nivel 2 se considera sólo "incidente", y a la vez ofrecer revisiones a todo aquel que ha pasado por la central, incluyendo la visita de un colegio; ¿a qué viene ese oscurantismo?.A 45 kilómetros de Vitoria-Gasteiz se encuentra Garoña, una de las centrales nucleares más viejas del estado (39 años), y de la que Nuclenor (Iberdrola-Endesa) sigue pidiendo una prórroga para que siga funcionando durante diez años más. La dirección de Garoña aseguraba haber invertido alrededor de 15 millones de euros en aumentar la seguridad de la central, y calcula un gasto total cercano a los 90 cuando finalicen todas las mejoras. Sin embargo, no concretan la situación real del barrilete, que es la pieza que mantiene la pieza de combustible en una determinada posición y asegura el flujo del agua. Bueno, pues esta pieza tenía ya hace diez años grietas de cierta importancia que con el paso de los años se han ido haciendo más profundas. Y hay otras zonas de trabajo afectadas por la misma cuestión. Como problema extra, el mejillón cebra ha llegado ya al nivel de Garoña, y existe el peligro real de que los sumideros acaben taponados por la exótica especie.
Hay estudios que hablan de los índices de enfermos de cáncer en un radio de 30 kilómetros alrededor de la central de Trillo, y dan miedo. Y la incongruencia viene además de la poca potencia que genera Garoña, y del porcentaje que representa energéticamente hablando del total de la península; por cierto, existe en el país un exceso de potencia instalada.
La clave para poder prescindir de estas bombas de relojería es la utilización por parte del estado de todos los recursos disponibles para investigar y promocionar las energías renovables y para asegurar la eficiencia energética.
La central nuclear de Garoña debería cerrarse sin dilación, así como el resto de instalaciones que se encuentran en parecidas circunstancias, que no son pocas. Y sin extenderme en el famoso desastre de Chernobyl, sólo decir que veinte años después del mayor accidente en la historia del uso pacífico de la energía atómica, los niños siguen viniendo al mundo con terribles malformaciones. Es una reflexión en voz alta sobre los peligros reales de una fuente de energía peligrosa como ninguna otra.
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