La Unesco ha declarado el jueves 20 como Día Mundial del agua, y la Expo de Zaragoza de este año tiene al precioso elemento como protagonista. Ayer estuve viendo imágenes de la reparación de una tubería de suministro de agua en Barcelona, que perdía una cantidad de litros de agua a la hora increíble (quiero recordar pero mi memoria no da para mucho) El caso es que lo que podían recuperar de la fuga lo llevaban hasta una alberca para así poder regar los jardines con ese agua no potable. Una solución "menos mala" a la pérdida irremediable, pero ni de lejos tan buena como el mantenimiento de la red de suministro en buenas condiciones. Es algo que tenemos tan al alcance de la mano que no nos damos cuenta del valor que tiene, y menos en zonas como el norte, sin demasiados problemas al respecto. Algunos lavan el coche profusa y religiosamente cada sábado o domingo. Dejamos correr al grifo para asearnos, para cocinar, o para regar las plantas del hogar sin pensar en los efectos dramáticos que la carencia de agua provoca en otros lugares del planeta menos afortunados. Y todos estos gestos cotidianos lo que hacen es vaciar y deteriorar los ríos, lagos y reservas subterráneas. Estas últimas por cierto representan el 97% de toda el agua dulce disponible (las aguas superficiales como ríos y lagos suponen tan solo un 0,3%); y casi un tercio de la población depende exclusivamente de las reservas de agua subterránea en cuanto al agua potable. El agua dulce representa a su vez el 2,5% de los recursos hídricos del planeta. De esta cantidad el 70% se encuentra congelado y tan sólo el 1% de los recursos mundiales de agua dulce son accesibles para el consumo humano.Una noticia para la esperanza por ejemplo es la medida del Gobierno británico de no consumir agua embotellada en las reuniones de sus distintos gabinetes, pues según Greenpeace para elaborar un litro de este producto se emplean cinco. Que vayan tomando nota todos sus colegas mandatarios.
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